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martes, 23 de noviembre de 2010

Profesión: melancolía


"Se busca chica joven con conocimientos de informática..."

Buff, ya estamos con la informática. Tal vez deberia hacer algún curso, el futuro está en esto y me lo van a pedir en la mayoría de los trabajos. A ver, sigamos.

"Se necesita chico/a para cubrir puesto de reponedor/a en un supermercado..."

Mmm, no. No me veo cargando y descargando palés y limpiando estanterias. Demasiado impersonal.

"Se necesita chic@ para pastelería. Preparación de dulces y venta al público..."

Vaya, esto podría estar bien. Ya me veo como la protagonista de "Chocolat", aunque con menos habilidad que ella en la cocina.

Se busca, se necesita, se requiere, se busca, se busca, se busca. Después de toda la tarde mirando anuncios sigo sin dar con algo que encaje conmigo. Aunque pensándolo bien en lugar de seguir buscando debería promocionarme. Si, eso es. Pondré uno de esos auncios ofrenciendo mis cualidades. Mmm ¿Cómo sería?

"Chica joven, simpática y soñadora busca trabajo. Habilidad para recomponer historias imposibles, hilvanar recuerdos, cazar fantasmas para volver a dejarlos escapar, zurcir parches en el corazón.

Aficiones: sonreir a desconocidos, lanzar piedras a un estanque, abrazar sin motivo, llorar con él.

Profesión: melancolía"

lunes, 6 de septiembre de 2010

La diferencia entre consejo y opinión

Siempre he pensado que si los consejos costaran dinero dariamos muchos menos. Y es que los consejos a pesar de lo bienintecionados que puedan parecer acaban siendo una forma bastante diplomática de juzgar a los demás o de decirle cómo deben de vivir su vida, además de privarnos a nosotros mismos del tremendo placer de que nos pregunten nuestra opinión sabiendo que les interesa lo que le vamos a decir y lo valoran.
Hoy hablando con una amiga me ha dado pena comprobar como los mágicos consejos de la gente que "nos quiere" puede condicionarnos de tal forma que coarten nuestra libertad precisamente con quien deberíamos sentirnos más libres.
Con el tiempo me he dado cuenta que una de mis virtudes es saber escuchar. A veces esta virtud se vuelve en mi contra porque acabo sintiéndome insignificante cuando la otra persona asume radicalmente el papel de hablante. La verdad es que me cuesta dar consejos. Incluso cuando me los piden acabo analizando los pros y los contras de la situación, barajando de forma externa las posibilidades y haciéndole caer en la cuenta a la otra persona que tiene opciones para elegir y no solo un callejón sin salida. Porque hay un millón de formas de ver las cosas y no solo la nuestra, siempre es preferible un "yo lo que haría en tu situación..." que un "lo que tienes que hacer..." por muy amigable que sea.
Al menos así es como me gusta a mi hacer las cosas y aunque sin ánimo de imponerlas es un aspecto que valoro muchisimo en la persona que tengo enfrente y un detalle determinante en alguien que acabo de conocer. Si esa persona abandona su ego para darte a ti el papel principal, es ya de por sí una persona interesante. Porque nuestras cosas son importantes y es maravilloso compartirlas pero probablemente aprendamos más escuchando que hablando.
Cómo le digo a mis alumnos: tenemos dos orejas y una boca por lo tanto deberíamos escuchar el doble y hablar la mitad.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Alimentada de recuerdos...

Alimentada de recuerdos
he acabo teniendo
una gran indigestión.

martes, 31 de agosto de 2010

Malos tiempos para el amor

Maria mira como Ana amamanta a su pequeña de tres meses. No deja de sorprenderse de este milagro de la vida. Como una vida da otra vida. Como después de nacer el lazo entre madre e hija sigue siendo un cordon umbilical invisible pero resistente y vital como el anterior.

Ana representa uno de los sueños de Maria. Es un canto a la esperanza de formar una familia fruto del amor donde la principal riqueza sea el cariño y el respeto. Maria se siente cursi solo de pensarlo. Acaba de contarle a Ana su verano de idas y venidas. Sus ligues y amores fugaces. Asegura que es feliz con su vida pero no deja de añorar los hijos que no tuvo cuando soñaba con hacerlo. No deja de pensar que ha perdido la capacidad de enamorarse. Ana la mira a los ojos y es capaz de leer más allá de sus palabras.

- No tengas prisa. No vendas tu alma. Llegar, llegará seguro, pero son malos tiempos para el amor verdadero.

martes, 10 de agosto de 2010

Los renglones torcidos de Dios

Podría decir que hace años que siento esta sensación: la de correr en una cinta estática para no llegar a ningún sitio. Hacer un gran esfuerzo personal para después solo obtener un gran cansancio. Tal vez la vida no me de lo que le pido porque se lo exijo como ajuste de cuentas en un asunto de honor. Andar, correr, sudar, desfallecer, correr, correr, correr... ¿Para? Para nada.
Tal vez la sentencia categórica de "para nada" tampoco sea justa. Todos sabemos los beneficios del deporte. Curte, moldea y te hace sentir el bienestar de las endorfinas liberadas, pero aún así no es suficiente.
Puedo hablar de años al referirme al tema de mi profesión. Esa lucha por un puesto fijo para el que sé que valgo, que me he preparado, que he invertido mi tiempo y mi esfuerzo y desde mi fuero interno reconozco que merezco. A cambio me tengo que conformar con un puesto itinerante en el que saboreo las mieles de mi acción profesional pero con la pizca agridulce de un reconocimiento que no termina de llegar.
En el ámbito sentimental la sensación es bastante similar. Un par de relaciones fallidas aunque intensas, una cantidad considerable de pretendientes y algunas relaciones esporádicas. Hombres atractivos, inteligentes, sensibles, agradables, interesantes pero no lo suficiente como para quedarse en mi vida. La ilusión invertida se transforma en decepción.
Y en el otro plano personal se encuentra los amigos. Si hago uso del tópico "un amigo es un tesoro" sinceramente me puedo considerar tremendamente rica. Tengo un montón de amigos con un valor incalculable. El pero está en los dos peligros de las relaciones: el tiempo y la distancia. Ver como el tiempo pasa, le sumas años a tu fecha de nacimiento, le añades las circunstancias y las responsabilidades de la vida adulta y como esto le resta dedicación a las amistades de toda la vida me sume en una tristeza irremediable. Esto a su vez unido a que la mayoría de estas relaciones importantes hay que mantenerlas a distancia con el inevitable deterioro de muchas de ellas. El esfuerzo por conservarlas intactas en ocasiones es inútil.
No es simplemente una visión pesimista de mi vida. El hilo de estas cavilaciones siempre me lleva a una frase que siempre me interroga: "los renglones torcidos de Dios". Se que soy afortunada y me siento agradecida por un sinfín de cosas pero no termino de entender la forma caprichosa en que la suerte da la cara. Probablemente nunca consiga hacerlo.

domingo, 25 de julio de 2010

Las dudas de Julieta

Hombres ¿Qué son los hombres? -debió de preguntarle una Julieta insatisfecha a su Romeo.

¿Son esa especie en extinción que amenaza ser sustituida por otras con el nombre de metrosexuales o quizás gays?

¿O son esos individuos atractivos, dulces y valerosos que prometen entregar el cielo y no lo hacen por miedo a que lo reclame su niño interior?

O acaso Romeo ¿eres tú el único hombre existente fruto de la imaginación de un escritor que anhelaba parecerse a ti?

miércoles, 21 de julio de 2010

Los sueños, sueños son

Hoy me he levantado con esa incomodidad extraña que dejan los sueños cuando alguien de tu pasado se cuela en ellos para hacerte la puñeta. Nunca he podido evitar que ciertos sueños me afecten como si hubieran sucedido de verdad.
Hay quien se queja de no soñar o más bien de no recordar los sueños. Hay quien en cambio se pasa el día soñando, aunque sea despierto. A mi me encanta dormir y me encanta soñar. Bueno, también es cierto que en parte lo que me gusta es evadirme de la realidad, de esta realidad. Siempre me ha gustado pensar que cuando cierro los ojos y me sumerjo en el mundo del inconsciente estoy pasando la frontera de un mundo paralelo. Me fascina la idea de las dos realidades.
Hay sueños fugaces, que se olvidan nada más materializarse en la mente. Hay sueños que se repiten, como el de correr con todas tus fuerzas mientras alguien te persigue, sin conseguir avanzar. Otros dan señales claras de tus emociones y estados de ánimo: alegría, frustración, nerviosismo, tristeza... Los hay que se clavan en tu memoria como una señal de alerta, cómo aquella vez que soñé que algo grave le pasaría a mi madre y al día siguiente tuvo un accidente de coche cuando yendo de peatón un coche se la llevó por delante. Ahí es inevitable sentirte culpable porque piensas que de alguna manera lo sabias y podías haberlo evitado. Evidentemente eso no es posible.
Hay sueños que te engañan y te confunden, precisamente por el empeño de desvelar su significado, acabas recomponiendo una historia que solo existe en tu imaginación. Pero sin duda alguna, hay sueños fascinantes, cómo el de volar por encima de montañas enormes cubiertas de un intenso verde, de bosques de árboles que acarician el cielo y pequeños pueblecitos con casas victorianas. O aquel otro en el que te sumerges como un pez en aguas cristalinas para recorrer coloridos mundos submarinos.
Hay otros sueños que te preparan para momentos importantes, por ejemplo para enamorarte, cuando de repente empiezas a soñar reiterativamente con hombres encantadores que te hacen sonreír hasta que un día uno de ellos se materializa.
Y es que soñar es divertido aunque a veces tenga un gran peligro: lo que sueñas se puede hacer realidad. Sea como sea y como dijo el maestro, los sueños, sueños son.